jueves, 23 de junio de 2016

En la Toscana




















Desconexión



Peter ya no siente la conexión, es como si parte de él hubiera desaparecido, como si alguien  hubiese apretado un botón y apagado todas sus capacidades. La sangre que le corre por la cara hace que se dé cuenta de lo que está sucediendo.  La pesadez de sus parpados y el dolor se lo confirman. Querría seguir inmóvil, inconsciente, pero hace un esfuerzo y dirige la mirada hacia su derecha buscando a Sharon. Ella no está en el asiento. Mientras se sitúa, junta los párpados y los abre varias veces para aclararse la visión emborronada por la sangre y el aturdimiento. Pese a los temblores y a las pocas fuerzas que tiene, intenta moverse y abrir la puerta para salir del coche. No puede, está atrapado. Las piernas no le responden y se siente muy débil. Estaría mejor dormido esperando a que vengan a ayudarles pero empieza a llamar a Sharon con todas sus fuerzas aunque apenas le sale un hilo de voz.  Al fin se desvanece y su mente vuelve a los momentos antes del accidente.

          —Parece que no va a tener consecuencias pero nos la hemos jugado, te has pasado siete pueblos.
          —¡Joder! ¿Qué querías que hiciera, estarme calladito mientras nos adjudican todos los marrones? Pero si lo ha hecho a propósito, sabía que iba a saltar.
          —Sí, ya sabemos cómo es, pero es el jefe y podías haberle dicho lo mismo sin ponerte como un energúmeno, no creo que le haya gustado nada.
          —Ya estamos con lo de siempre, no tengo modales, ¿verdad?. Nada, estate tranquila que no pienso volver a la cúpula, me despido. A ver quién hace a partir de ahora las chapuzas, tú seguro que no.
          —Te crees imprescindible, yo también sé hacer cosas sola y sino ¿por qué me llevas a todas partes?
          —¿Qué pasa,  qué no quieres venir? Pues bájate del coche.
          —Ahora mismo.—Sharon se suelta el cinturón y lleva la mano a la manilla de la puerta, dispuesta a bajarse en cuanto pare.
          —Mejor te llevo al destino de la próxima misión y te las arreglas tú solita como dices.
          —No tengo que demostrarte nada, sabes de lo que soy capaz. Pero si te empeñas, déjame sola que poderes me sobran. Y vete más despacio que nos vamos a estrellar.
          —Es que me sacas de mis casillas...
          A pesar de que Peter levanta el pie del acelerador y esa zona de la carretera ya no es tan estrecha ni tiene tierra desprendida sobre el asfalto, un poco más adelante el coche pierde estabilidad y cae dando vueltas por el terraplén lateral hasta chocar con un árbol. Sharon sale despedida a través de la luna delantera.

        La voz de Peter se va apagando a pesar de que lucha por sobreponerse y conseguir que Sharon le oiga. No quiere morir sin decirle que nunca la hubiese dejado sola.
       Entre sueños ve luces y oye a alguien que parece estar informando: eliminación ejecutada, se va a proceder a la expulsión y a la desconexión de las conciencias.
     Han encontrado a la mujer, la llevan como si reposara sobre una camilla transparente en una atmosfera ingrávida. No está bien, él lo sabe pero la llama otra vez, no le sale la voz, ni siquiera él se oye en su interior. Quizá también esté muerto, porque los que han llegado no intentan sacarle del coche antes de levantarlo como si fuera una pluma y meterlo allí atrapado en la nave. Nota que se eleva de repente a gran velocidad y luego que lo que les transporta se queda suspendido en el vacío. No pasa nada, no viene nadie, no hay luz, no siente a Sharon.